Published On: Mie, Dic 10th, 2014

La debilidad estructural resurge en Turquía

En 2011, las elecciones generales en Turquía dieron una clara victoria al conservador Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en Turquía. El AKP, que gobierna con mayoría absoluta por tercera legislatura consecutiva, ha logrado reducir gradualmente el papel del ejército, fortaleciendo la posición del régimen civil. Sin embargo, su ideología pro islámica choca con un sector cada vez más amplio de la población, sobre todo en las ciudades. Las protestas que estallaron en Estambul en el verano de 2013 fueron reflejo de este creciente malestar.

Dada la extrema lentitud del progreso de las conversaciones entre Turquía y la Unión Europea, se ha desvanecido el apoyo popular generalizado a la adhesión. Actualmente, Turquía centra su política exterior en fortalecer sus lazos, políticos y económicos, e influencia en Oriente Medio y Asia Central. La buena relación con Israel se ha deteriorado debido a las diferencias sobre el conflicto palestino y el cambio de régimen en Egipto. Turquía se ha posicionado claramente a favor de la oposición en la guerra civil siria. Indudablemente, es por ello que el gobierno sirio ha retomado su apoyo tácito al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK).

TurquíaEn 2014 se ha incrementado significativamente el riesgo geopolítico a causa del rápido avance del yihadista Estado Islámico (IS) en la vecina Irak, el segundo mayor mercado de exportaciones de Turquía, y Siria. La situación de la seguridad ha empeorado en la zona sudeste del país debido a la entrada masiva de refugiados sirios y al enfrentamiento armado cercano a la frontera. La ambivalencia de Turquía frente a la coalición contra el Estado Islámico ha generado tensiones con Estados Unidos y la Unión Europea.

En la última década, el progreso económico de Turquía ha sido notable. Con estabilidad política desde 2002, cuando el AKP alcanzó el poder, el PIB del país ha crecido hasta superar la media europea. El rápido crecimiento de una población de más de 75 millones y la creciente prosperidad han convertido a Turquía en uno de los mercados emergentes más destacados. Sin embargo, desde 2013 han resurgido las debilidades económicas estructurales: alta inflación, necesidad de financiación externa, liquidez internacional débil y aumento del riesgo político. La divisa turca se devaluó bruscamente en 2013, cuando los inversores se retiraron de los emergentes más vulnerables a la supresión de los estímulos monetarios de Estados Unidos. Turquía se enfrentó al aumento del déficit de cuenta corriente y al hundimiento de su divisa, del 20% en términos nominales y el 10% en términos reales frente al dólar, lo que situó al país en el grupo de los cinco frágiles junto a India, Indonesia, Sudáfrica y Brasil.

Ralentización del crecimiento

Tras una pronunciada desaceleración económica en 2012, el PIB de Turquía se recuperó en 2013, hasta un 4%. Las finanzas públicas son sólidas, con pequeños déficits de alrededor del 2% del PIB en 2014 y 2015. La deuda pública se mantiene moderada al 40% del PIB. No obstante, con unos tipos de interés más altos y una divisa depreciada, la economía ha vuelto a perder fuerza este año debido al menor crecimiento de la exportación y a la disminución del consumo y lae inversión.

Este año se espera un crecimiento económico por debajo del 3%. Por el contrario, Turquía presenta una inflación estructural alta, que alcanzará casi el 9%, muy por encima del objetivo del 5% del banco central. En ese entorno, existe una creciente preocupación sobre la independencia del banco central, ya que el gobierno turco ha expresado repetidamente su deseo de unos costes por intereses bajos para estimular el crecimiento. En enero de 2014, con el hundimiento de la lira, el banco central elevó el tipo de interés de referencia desde el 4,5% al 10%, pero posteriormente recortó los tipos al 8,25%.

El talón de Aquiles de la economía turca sigue siendo el persistente déficit de cuenta corriente y su financiación a través de entradas de capital y deuda. En 2014 y 2015, se espera que mejore el déficit de cuenta corriente, respaldado por la reducción de los precios energéticos, pero siga siendo elevado, cercano al 6% del PIB, mientras que la tasa de ahorro se mantendrá baja. Para cubrir el alto déficit de cuenta corriente, se necesita un aumento de la deuda extranjera y considerables importaciones de capital.

Grandes desafíos políticos y económicos

En las elecciones programadas para 2015, se prevé que se mantengan los actuales equilibrios políticos. Dado que nada indica el final en la guerra civil siria y que la situación política en Irak seguirá siendo muy inestable, la situación en las fronteras de Turquía se mantendrá en tensión.

Se prevé un crecimiento económico del 3,4% en 2015, apoyado por una política fiscal flexible, recortes de los tipos de interés y aumento de la demanda extranjera ante la debilidad de la lira. Mucho depende del futuro desarrollo de la Eurozona, que representa casi el 50% de las exportaciones de Turquía y es su principal fuente de inversión de capital. Aunque se espera que la inflación disminuya al 7% el próximo año, seguirá siendo persistentemente alta, al igual que déficit de cuenta corriente, al 6%.

La solvencia permanece a niveles razonables. Solo una devaluación masiva de la lira, de más del 30% en términos reales, amenazaría la sostenibilidad de la deuda externa turca, y esto no se prevé en los próximos 12 meses.

La futura capacidad de ingresos de la economía turca está limitada por los desequilibrios macroeconómicos relacionados con la elevada expansión del crédito, la alta inflación y un gran déficit externo, unidos a cuestiones estructurales referentes a su baja tasa de ahorro y a sus debilidades en competitividad. El clima de inversión se ve dificultado por un sistema judicial débil y un mercado laboral inflexible. Sin reformas estructurales para aumentar el ahorro, reducir la dependencia de las importaciones energéticas y aumentar el clima de inversión, el índice de crecimiento potencial de Turquía disminuirá al 3 % – 3,5 % por año.